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Vive el presente y reconoce que tus pensamientos determinan tu estado de ánimo.
Recuerda las emociones positivas y analiza las negativas desde una perspectiva positiva.
Deshazte de los recuerdos amargos, pues causan inquietud y resentimiento. Si alguien te ha humillado o atacado injustamente, deja que esta experiencia fomente en ti la humildad y la paciencia.
¿Has cometido pecados graves? Ya los has confesado y pedido perdón a Dios. ¿Por qué, entonces, sigues dándole vueltas? Arroja esos pecados al vasto océano de la bondad y la misericordia divinas. ¿Por qué te atormentan los recuerdos de un pasado inalterable? Pon el pasado en manos de Dios, valora el presente y aléjate del mal.
El futuro es incierto; por lo tanto, sigue un camino en la vida que te lleve hacia un futuro positivo.
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