Piedad: Perfección de la Religión

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La Piedad es un don santificador del Espíritu Santo, el afecto instintivo por Dios que nos dispone a darle el culto y el servicio, y complacer a los que están especialmente consagrados a Dios. La Piedad perfecciona la virtud de la religión, y la contemplación del Padre Todopoderoso con amor, respeto filial y obediencia cariñosa.

“En efecto, todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Pues no recibisteis un espíritu de esclavos para recaer en el temor; antes bien, recibisteis un espíritu de hijos adoptivos que nos hace exclamar: ¡Abbá, Padre! El Espíritu mismo se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios. Y, si hijos, también herederos: herederos de Dios y coherederos de Cristo, ya que sufrimos con él, para ser también con él glorificados. Porque estimo que los sufrimientos del tiempo presente no son comparables con la gloria que se ha de manifestar en nosotros. Pues la ansiosa espera de la creación desea vivamente la revelación de los hijos de Dios” (Romanos 8:14-19).

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