HUMILDAD

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La humildad pone a Dios y el prójimo por delante de nuestros intereses egoístas; en vez de “Yo primero”, la humildad nos permites decir: “No, tú primero, amigo mío”, nos animando a satisfacer las necesidades y demandas de los demás.

La humildad es un importante tema bíblico porque permite la paz y la armonía, disipa la ira y cura heridas viejas, considera la dignidad humana y distingue los sabios de los líderes arrogantes. La humildad no niega su valor, sino afirma el inherente valor humano.  La riqueza, el poder o el estado ganado a expensas de otros acarrea ansiedad – nunca paz y amor.

“Mejor es ser de espíritu humilde con los pobres que dividir el botín con los soberbios.”  (Proverbios 16:19)

La sabiduría no se puede encontrar ni practicar a través de la arrogancia o la ira. Debemos respetar la creación de Dios, incluyendo la humanidad.  La humildad trae sabiduría y el orgullo acarrea deshonra.

“Pero el mayor de vosotros será vuestro servidor.  Y cualquiera que se ensalce, será humillado, y cualquiera que se humille, será ensalzado.”  (Mateo 23:11-12)

“Y El, llamando a un niño, lo puso en medio de ellos,  y dijo: En verdad os digo que si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.  Así pues, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos.”  (Mateo 2-4)

La Regla de Oro contiene mucha sabiduría. Si queremos ser amados, debemos amar primero. Si queremos ser respetados, debemos respetar, incluso a quienes despreciamos. Si queremos ser cumplidos, debemos compartir generosamente.

Las palabras pueden influir en las relaciones humanas, incluyendo la guerra o la paz, porque las palabras que decimos o escribimos tienen tremendo poder sobre el bien o el mal. El chisme es un acto de hostilidad a dañar la reputación de alguien.  Debemos  previnir y evitar el asesinato de personajes. Debemos buscar virtudes en los otros y tratar de corregir nuestros vicios, porque el juicio pertenezca a Dios.

Nadie nos enoja, porque la ira es nuestra propia respuesta emocional a los contecimientos, y a veces se basa en una mala interpretación de los acontecimientos. La ira puede bloquear la comunicación y aumentar las hostilidades.

Es fácil reaccionar ante las molestias y las decepciones de la vida con la ira, y desafiante  reaccionar con comprensión y empatía, porque de esta manera, podemos resolver disputas y evitar convertir incidentes menores en conflictos mayores. El comportamiento humilde  previene disputas y sentimientos duros.

“El necio da rienda suelta a su ira, pero el sabio la reprime.” (Proverbios 29:11)

 ”Esto sabéis mis amados hermanos. Pero que cada uno sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para la ira;  pues la ira del hombre no obra la justicia de Dios.”  (Santiago 1:19-20)

Un rencor nos priva de energía, puede consumirnos con odio, y bloquear el disfrute de la vida. Un rencor nubla nuestro juicio y puede llevarnos a la venganza. Tener rencor y buscar venganza nunca son respuestas apropiadas. Jesús nos dijo que debemos reconciliarnos con nuestros adversarios, perdonar sus transgresiones y disipar la ira.

“No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo; yo soy el Señor.”  (Levítico 19:18)

“El hombre airado suscita rencillas,y el hombre violento abunda en transgresiones.”  (Proverbios 29:22)

Es fácil responder a la ira con más enojo, pero cuando respondemos a la ira con empatía y amor podemos romper un ciclo de odio y convertir a nuestros enemigos en amigos. Jesús nos enseñó a amar a nuestros enemigos.

”Habéis oído que se dijo: ‘Amaras a tu projimo y odiarás a tu enemigo.’  Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos; porque El hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tenéis? ¿No hacen también lo mismo los recaudadores de impuestos?  Y si saludáis solamente a vuestros hermanos, ¿qué hacéis más que otros? ¿No hacen también lo mismo los gentiles? Por tanto, sed vosotros perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto.”  (Mateo 5:43-48)

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