El Espíritu Santo y la Eucaristía

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La Iglesia Católica celebra la Eucaristía todos los días, excepto el Viernes Santo, en las formas litúrgicas que la Iglesia, guiada por el Espíritu Santo, ha formulado a través de las generaciones.

Cristo fue concebido por la Virgen María a través del poder del Espíritu Santo (Mateo 1:18 y Lucas 1:35).  El descendó sobre Cristo en la forma de una paloma cuando fue bautizado en el río Jordán (Mateo 3:16). Después de su Resurrección, Cristo derramó el Espíritu Santo sobre los apóstoles (Juan 20:22), haciéndolos partícipes de su propia misión (Juan 20:21). El Espíritu Santo descendió sobre los Apóstoles reunidos en oración con María el día de Pentecostés (Hechos 2:1-4) y se agitó a los apóstoles a la misión de anunciar la Buena Nueva a todos los pueblos. Cristo continúa activo en su Iglesia por medio del Espíritu Santo.

Los Padres de la Iglesia confirmaron que el Espíritu de Dios juega un papel decisivo en la celebración eucarística, principalmente en la consagración.  El Espíritu Santo santifica y transforma todo que toca.  El Espíritu Santo consagra el pan y el vino, y reúne a los fieles ‘en un solo cuerpo’, junto con Cristo y les hace una ofrenda espiritual agradable al Padre”,  dijo San Juan Crisóstomo.

Después de Pentecostés, los apóstoles y sus seguidores, convertidos y bautizados, “se dedicaban a la fracción del pan y a las oraciones” (Hechos 2:42). La Encíclica Dominum et Vivificantem declaró: “Guiados por el Espíritu Santo, la Iglesia desde el principio se manifestó y se confirmó su identidad a través de la Eucaristía… El Espíritu Santo está presente y active en el sacrificio de Cristo…  En Su humanidad, Cristo abrese a esta acción… A través de la Eucaristía, los individuos y las comunidades, por la acción del Espíritu Santo, descubren el sentido divino de la vida humana”.

La Iglesia primitiva era una comunidad fundada en la enseñanza de los apóstoles (Hechos 2:42). Fue completamente animada por el Espíritu Santo, que iluminó a los creyentes a entender la Palabra, y los reunió en la caridad torno a la Eucaristía. La Iglesia se convirtió en una multitud de creyentes que “era de un corazón y alma”.  (Hechos 4:32)

 

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