Locución de Jesús sobre Su Iglesia

 

 

Entonces Jesús llegó con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí mientras yo voy allá y oro.  Y tomando consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse.  Entonces les dijo: Mi alma está muy afligida, hasta el punto de la muerte; quedaos aquí y velad conmigo. Y adelantándose un poco, cayó sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú quieras.  Vino entonces a los discípulos y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Conque no pudisteis velar una hora conmigo?  Velad y orad para que no entréis en tentación; el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil.  Apartándose de nuevo, oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si ésta no puede pasar sin que yo la beba, hágase tu voluntad.  Y vino otra vez y los halló durmiendo, porque sus ojos estaban cargados de sueño.  Dejándolos de nuevo, se fue y oró por tercera vez, diciendo otra vez las mismas palabras. Entonces vino a los discípulos y les dijo: ¿Todavía estáis durmiendo y descansando? He aquí, ha llegado la hora, y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores. ¡Levantaos! ¡Vamos! Mirad, está cerca el que me entrega. (Mateo 26:36-46)

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Me desperté en las primeras horas del Sábado, el 15 de Septiembre 2018, con La Agonía de Jesús en mi mente como el trasfondo emocional de una Locución de Jesús sobre Su iglesia. En verdad, Jesús sufría de profunda depresión y aguda ansiedad cuando se comunicó conmigo:

“Estoy muy triste por mi Iglesia, particularmente por el clero. El hijo de Satanás aparecerá pronto en el mundo y en unos pocos años se sentará en la silla de mi amado Pedro. Tendré que renovar Mi Iglesia para la volver pura y vibrante otra vez, y mientras que animo a Mi Iglesia Remanente a invocar al Espíritu Santo”.

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Y de la misma manera, también el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; porque no sabemos orar como debiéramos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles; y aquel que escudriña los corazones sabe cuál es el sentir del Espíritu, porque El intercede por los santos conforme a la voluntad de Dios.  Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a su propósito. Porque a los que de antemano conoció, también los predestinó a ser hechos conforme a la imagen de su Hijo, para que El sea el primogénito entre muchos hermanos; y a los que predestinó, a ésos también llamó; y a los que llamó, a ésos también justificó; y a los que justificó, a ésos también glorificó. (Romanos 8:26-30)

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